jueves, 4 de junio de 2009

Desatención o egocentrismo egoísta

Hasta qué punto somos capaces de ser egoístas, egocéntricos o avariciosos de nuestra propia vida? De hecho la pregunta que interiormente nos hacemos muchas de las veces está mal formulada, la forma correcta es: siendo una persona comprometida, religiosa y con recta intención para hacer lo que Dios te pide en cada momento, ¿en qué lugar queda el hombre viejo y empieza el HOMBRE NUEVO? ¿Hasta que puento dejamos que nos domine nuestra naturaleza mundana?
La desatención para con el hermano es la falta más grave, consecuencia de la falta de vigilancia, es encogerse y encerrarse en uno mismo, únicamente centrarse en el problema propio desatendiendo el problema ajeno.
El Card. Carlo Maria Martini en uno de sus libros lo define claramente, la despreocupación por el hermano es no darse cuenta de lo que les sucede a los demás, ¡¡Son tantas las desatenciones que hieren y arruinan las amistades más bellas, que crean incomprensiones en la familia, entre novios, esposos....!! Por el contrario, ¿Cuántos gestos de atención reconcilian y restauran y por encima de todo tejen relaciones de Paz!
Sin embargo, Jesús mira la vida con otra mirada. Jesús no procede como hace todo el mundo, no sigue los criterios humanos. Con los ojos de Jesús todo adquiere otra dimensión, todo se puede juzgar con otra mirada. Si REALMENTE lo hicieramos como Él muchas cosas, por no decir la totalidad de las cosas, adquirirían una luz nueva, un sentido nuevo para nosotros.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

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