No se puede caminar con nadie sin perdonarse mutuamente o rechazando la corrección fraterna , ese gesto de caridad que educa en la humildad, en el arrepentimiento y en el diálogo auténtico. Pedir y dar perdón es el primer testimonio de la novedad evangélica.
La generosidad del perdón que Dios extiende sobre nuestra culpa es la que sustenta nuestra capacidad de perdonar. El perdón cristiano debe asemejarse al de nuestro Padre, Dios, que todo lo perdona, cualquier clase de mal y sobre todas las cosas lo perdona siempre.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.
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