miércoles, 18 de marzo de 2009

La Encarnación......Callar, admirar, agradecer y obedecer.

Tomando en consideración su crecimiento evolutivo en la experiencia divina y su temperamento sensible y piadoso José cruzó la primavera de su senectud envuelto en el manto del Admirable. El Incomparable fue ocupando por completo su persona.

Fue experimentando la proximidad ardiente del Formidable y Único. Encontró respuesta al Desahogo de su esposa Maria, en adelante sólo Dios será su ocupación y preocupación. Así descubrimos en José una profunda y extensa zona de soledad a la que nadie podrá asomarse, sólo Dios.

Sólo Dios es el Agua fresca, quien la beba nunca más sentirá sed, si tú supieras como es Dios, si tu probaras esa agua....

"El Padre era su mundo, su realidad, su existencia y con Él llevaba en común la más fecunda de las vidas"

Paz y bien. Feliz día de San José.

Bernardo da Quintavalle.

martes, 3 de marzo de 2009

La brisa que refresca




La verdad es que en esta vida hay muchas cosas a las que somos aficionados, porque nos gustan, porque vienen a saciar nuestras ganas de pasarlo bien, de entretenernos, de pasar el tiempo, de gustar del ocio, solos o en compañía.


Pero sólo hay una que nos deje con algo más que la sensación de haber pasado un buen rato, y es la oración. En efecto, ella, como encuentro con Jesús y tiempo dedicado a Él, produce en el alma a veces consolación y a veces desolación. Pero cuando ocurre la primera, entonces el alma goza, de una forma más profunda y plena que con el mero disfrute, sano y legítimo, de lo temporal y lo material.


No es un sentimentalismo, ni una apariencia, ni un sentirse bien y ya está. Es que el alma sale de la oración con gozo, con paz, con armonía, a la vez que sabe que todo eso debe devolverlo, puesto que no es suyo, sino regalo, o mejor, préstamo, de Dios, único dador de todo bien. No se puede comparar a la sensación que te deja un partido de fútbol, una peli o la práctica de cualquier otra afición. Todo esto es legítimo y hay que vivirlo, porque como personas debemos crecer y saber disfrutar de todo. Pero la oración, o mejor, Jesús, deja en el alma los efectos de ese Olio di Letizia, de ese bálsamo, pacificador a la vez que impulsor de una nueva vida en el alma.


Y esta nueva vida tiene que ser, por fuerza, la Caridad, porque de un olmo no sacarás manzanas, lo mismo que de Jesús no puedes sacar egoísmo o autocomplacencia. Es como salir con más fuerzas para soportar esto o aquello, o mirar con más paz y con acogida a tal persona, saber perdonar, tener paciencia, sonreir cuando quizá te cuesta más, echar una mano...


De estar con Jesús sales a estar en el mundo, con Jesús como meta y trasfondo de todo.