Hoy día se hace indispensable en la vida eclesial el "volver a los orígenes", no tanto en lo tocante a las primeras comunidades, cuanto en la contemplación sincera, desnuda y directa de Jesús, Pobre, Sufriente, Encarnado.
Se trata de repensar y reeditar la cotidianeidad de la Vida Consagrada y de la Iglesia sobre el seguro sostén de la vida de Jesús, contemplada como un único acto de Amor, desde la Encarnación hasta la Ascensión. Se trata de leer el Evangelio, meditar cada paso que dio el Hijo de Dios en la Tierra. Se trata de pensar y preguntarnos si nuestra vida, particular y comunitaria tienen algo que ver con la de Jesús, los Apóstoles y las Primeras Comunidades. Y, a la luz de la respuesta, releer y examinarnos nuevamente a la Luz del Carisma recibido, que es, inevitable e indisolublenmente, expresión concreta del Evangelio.
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