Si uno no se contenta con los lejanos recuerdos del catecismo y se pone a leer el Evangelio, se encontrará con una persona inolvidable que dice palabras llenas de energía y profundidad sobre los problemas importantes de la vida y se pone al lado de las personas que le necesitan, desde los más grandes a los más pequeños, con una seneridad, una ternura y una lucidez impresionantes. Leyendo y releyendo el Evangelio, el agua estancada comienza a correr, transformándose en AGUA VIVA y nos va acercando a la verdad de nuestra vida.
Carlo Maria Martini.
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