domingo, 30 de noviembre de 2008

Esperanzas en el Adviento.

La Esperanza es valiosísima, pero no se queda simplemente ahí sino que da valor a todas las cosas. Su origen está muy alto y llega a nosotros como lluvia gratificante. Si nos abrimos a ella, penetrará hasta lo más hondo, empapando todo nuestro ser. Ella hará crecer nuestra estructura personal, apuntando siempre hacia arriba, de donde procede. Por eso la Esperanza, que se presenta vestida de fuerza y alegría incorpora un toque de nostalgia, como las almas que explicaba Platón.
La Esperanza es el regalo más ilusionante que Dios ha hecho a la humanidad, es como el aliento que oxigena a nuestro ser, ¿esperanza en qué? En el Señor, que viene en todo momento que le llamamos y rogamos que nos asista, viene en el amor, viene en el sufrimiento y viene en el gozo. Cada vez que deseamos y pedimos su venida, ya está viniendo o mejor dicho ya ha venido.
Dios es Adviento y el hombre es éxodo. Dios es Navidad y el Hombre es encuentro.
Dios viene sorprendiendo, sus caminos son distintos e inesperados, también en los tiempos, puede venir cuando lo esperas, cuando no lo esperas o cuando ya has dejado de esperar. Aprovechemos este Adviento para encontrarnos con el Señor y no cerrarle las puertas de nuestro corazón para que esta Navidad nazca en cada uno de nosotros.
Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.

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