El abandono es un proceso de purificación. Si el cristiano abandona la resistencia y se abandona en manos del Padre, aceptando con paz todas aquellas realidades del día a día que nadie puede alterar mueren las angustias que nos ocasiona la presión que nos imprime el mundo y nace la paz, es Dios es su infinita potencia y misericordia el que se despliega sobre mil mundos de nuestra interioridad.
Este ejercicio es un constante encuentro profundo y contemplador, es eminentemente transformante, Dios asumen y consuma nuestro yo y sin saber muy bien como el hombre entra en un torrente de Amor.
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